Octava Itinerancia en Container, Lliuco, Quemchi

Desde el 24 al 28 de Octubre, en la Escuela de Lliuco, comuna de Quemchi, se realizó el octavo taller itinerante en Container, a cargo de Macarena Gutiérrez de la Torre, Chonchina, Licenciada en Lengua y Literatura. Se trabajó con estudiantes de sexto Básico, en una experiencia que hizo emerger palabras desde la relación de las/os estudiantes con la diversidad biocultural de sus entornos familiares y escolares.

El formato sobre el cual se manifestaron los imaginarios de estas niñas y niños, fue desde la poesía Haikú escrita sobre acuarelas pintadas por ellos mismos, fotografías instantáneas en polaroid y un montaje de escritos sobre un manto de elementos propios del bosque (hojas, ramas, flores, musgos). Macarena enfatiza en la relevancia del Haikú para los estudiantes ya que “se puede interpretar una emoción contenida, aunque no necesariamente evidente, ligada a la observación de algo que está sucediendo frente a nuestros ojos y que trasciende a la mirada, con sorpresa y asombro. Sin embargo, más que su aspecto formal, se valora la capacidad expresiva y espontánea de los niños para componer piezas que dan cuenta de su percepción de lo fugaz y lo temporal en su territorio cultural y/o familiar. A su vez, a través de ejercicios de escritura y dinámicas de juegos, amplían su curiosidad lingüística y experimentan así, las posibilidades de un vocabulario más amplio”.

El proceso creativo del taller se inició a través de preguntas: ¿Qué sonidos predominan en el pueblo que habitan?, ¿qué aspectos de su entorno natural les provocan emoción, o creen que serán inolvidables cuando crezcan?, ¿qué colores predominan en Lliuco?, ¿en torno a quienes o qué habito?, ¿cómo son las diferentes estaciones del año en mi pueblo?, ¿cómo llego a mi escuela y qué veo en su camino?, entre otras.

Se abordó la importancia de hablar en presente, empleando elementos que sean familiares. Según Macarena, esto se trabajó a partir de elementos como “evitar la auto referencialidad, dejarse llevar por las imágenes inmediatas que observamos en nuestro entorno y lo que nos provocan o recuerdan, ser concisos y cazar el instante. Se expuso la relación entre la poesía del Haiku con la fotografía en cámara instantánea, debido a que ambos tipos de creación artística, están ligados a la contemplación de un objeto a través de una mirada personal e íntima, iluminados por cierta luz o contexto que nos genera una sensación de bienestar, melancolía o catarsis que nos conmueve y permite representarlos en el acto. A su vez, se exploraron las dos dimensiones básicas y más comunes del Haiku (pero no restrictivas), a saber, un inicio que describe la condición temporal en la que sucede el poema, o bien, el sujeto aludido, y finalmente, un remate sorpresivo que condensa la emoción del escrito”.

Otras preguntas que orientaron el proceso creativo fueron: ¿Qué es el campo para mí?, ¿Qué simboliza la tierra?, ¿Cuáles son los mitos y leyendas del campo?, ¿Qué lugar de él me da tranquilidad y cuál me parece desconocido?, ¿Cuáles son los colores del campo?, ¿Qué trabajos conozco de la vida rural?, ¿Qué florece en la primavera?, ¿Qué animales veo caminando?, ¿Dónde se alimentan?, ¿Cómo son las formas y colores de esos animales?, ¿Cómo viven: son rápidos, lentos, nerviosos, dóciles?, ¿Cómo definiríamos el río?, ¿Cómo es su caudal?, ¿Cuáles son sus colores?, ¿Qué animales lo habitan y cómo se manifiestan?, ¿Cómo es la luz en el río?, ¿Cómo son los árboles?, ¿Qué sonidos percibo en él?, ¿Hay calma o silencio?.

Es fundamental para el rescate y puesta en valor de la Escuela Rural, entender la profundidad de éstas preguntas, que además son y pueden ser detonantes de proyectos educativos pertinentes y urgentes para nuestros territorios y maritorios, puesto que permiten ubicar a la Escuela y sus entornos en el núcleo de la vida comunitaria, a través de un ejercicio reflexivo y práctico que permite definir o robustecer estrategias pedagógicas coherentes a los lugares que habitan los estudiantes, con contenidos que les hagan sentido y permitan proteger, difundir y conservar los patrimonios y herencias culturales, para de esta forma avanzar desde la educación a un modelo de desarrollo sustentable, donde desde la escuela se fomenten otras expectativas laborales que no pongan en riesgo constante nuestros ecosistemas y que puedan revitalizar la diversidad biocultural tan propia de nuestro archipiélago y nuestras formas de vida.

Por último, se agradece a la Escuela y su equipo docente, por la voluntad de recibirnos en la escuela y el compromiso en la valoración de nuestra propuesta. Esperamos poder continuar ejecutando procesos con establecimientos que ven en estas iniciativas algo más profundo que un resultado, sino nuevas prácticas pedagógicas que potencian y resignifican la importancia de la educación rural, por estos tiempos tan afectada en nuestro Archipiélago.

 

 

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